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Apuntes

versión impresa ISSN 0252-1865

Apuntes vol.46 no.85 Lima jul./dic 2019

http://dx.doi.org/10.21678/apuntes.85.1043 

ART͍CULOS

Viajes anteriores y destinos futuros en el estudio del turismo

Earlier voyages and future destination in the study of tourism

 

Mark Rice*

*Baruch College, City University of New York, Estados Unidos mark.rice@baruch.cuny.edu


Resumen. Este ensayo sirve para introducir el número de Apuntes sobre el turismo. En él se define el turismo, se resume la historia de su desarrollo y se revisa los debates académicos sobre su significancia y consecuencias. También se ofrece un resumen de los logros del estudio del turismo en América Latina y el Perú, se sugiere temas posibles para investigar en el futuro y se describe las contribuciones de los artículos publicados en este número.

Palabras clave: turismo; historia; América Latina.


Abstract. This essay serves as the introduction to the issue of Apuntes dedicated to tourism. It defines the activity, provides a short history of its development, and revisits academic debates about the significance and consequences of tourism. Additionally, the essay reviews the achievements in the study of tourism in Latin America and Peru in particular, suggests possible future avenues of research, and describes the contributions of the articles included in this issue of Apuntes.

Keywords: Tourism; history; Latin America.


Por fin, estamos viendo una ola de estudios nuevos sobre el turismo en América Latina y el mundo. En verdad, el auge de interés académico en este tema no debe ser una sorpresa si entendemos su influencia económica. Las cifras más recientes de la World Tourism Organization (UNWTO, 2018) nos informan que en el año 2017 hubo 1.326 millones de turistas internacionales y la industria generó US$ 1.340 billones; además, se estima que uno de cada diez puestos de empleo está conectado al turismo y que esta industria genera 10% del producto bruto interno (PBI) mundial. En 2017, el Perú recibió más de 4 millones de turistas internacionales y los ingresos de turismo se valoraron en US$ 3.710 millones (World Tourism Organization, UNWTO, 2018). También es importante notar el poder del turismo que, a pesar de ser más difícil para calcular, cumple un rol influyente en la sociedad, el medio ambiente, la cultura y muchos otros aspectos de la vida moderna.

Una cosa muy positiva que caracteriza los estudios sobre el turismo es que no se han limitado a una sola disciplina ni a una región geográfica. Entonces, su estudio nos ofrece una oportunidad única de compartir los métodos y perspectivas de diversas disciplinas académicas. Al mismo tiempo, entender el desarrollo y las consecuencias del turismo en el mundo nos permite comprender sus efectos mundiales y locales al mismo tiempo. Este número de Apuntes refleja estas tendencias positivas en el estudio del turismo y contiene una colección de artículos de diversas disciplinas que lo analizan en diferentes áreas y épocas en América Latina.

Yo creo que los autores de los artículos de este número son quienes pueden mostrar mejor las posibilidades y beneficios de estudiar el turismo. Sin embargo, lo que quiero cumplir en mi introducción al tema es lo siguiente: dar a los lectores una definición del turismo; brindar una historia breve de su desarrollo; resumir cómo la comunidad académica ha investigado este tema y marcado sus consecuencias; y subrayar los debates sobre él en América Latina y –más específicamente– en el Perú. Por último, sugiero algunos temas y desafíos que pienso que pueden ser cuestiones para estudios futuros del turismo.

Espero que esta introducción y todos los ensayos de este número de Apuntes dedicado al turismo introduzcan en los lectores una idea de los logros de su estudio crítico. Al mismo tiempo, confío en que este número subraye que hay mucho por investigar sobre el turismo y que ello sea un campo de estudio prometedor para quienes reconocen que es mucho más que una actividad de recreo.

Definir el turismo

Cualquier tipo de turismo es definido por la experiencia del viaje. Sin embargo, es importante notar que el turismo es una migración específica. Muchos han propuesto definiciones diferentes de lo que es el turismo y de quiénes son los turistas. Sin embargo, creo que las características delimitadas por la antropóloga Valene Smith (1977/1989b) en la introducción de su influyente antología sobre el turismo, Hosts and Guests: The Anthropology of Tourism, todavía sirve como una definición útil para identificar lo que es. Según Smith (1977/1989b, p. 1), el turismo es marcado por la presencia de tres factores fundamentales: a) tiempo de recreo (leisure time); b) ingreso discrecional (discretionary income); y c) sanciones locales positivas (positive local sanctions). Mientras Smith identificó características del turismo para definirlo, el antropólogo Nelson H. H. Graburn (1989) empleó la experiencia y el contexto de la actividad turística para determinar lo que es. Graburn teorizó que era la versión moderna de la dicotomía entre lo sagrado y lo profano, propuesta por Durkheim. El turismo es la interrupción sancionada de la vida moderna de la misma manera como la religión lo fue en tiempos anteriores. No trabajar es considerado como flojera por la sociedad moderna; sin embargo, viajar a un lugar diferente para evitar el trabajo con el objetivo de hacer turismo es algo aprobado –y muchas veces admirado– en la sociedad. Esta diferencia es lo que define el turismo, según las ideas de Graburn. Obviamente, hay muchas más perspectivas que podemos usar para definirlo. Sin embargo, existe un consenso general acerca de que el turismo es un viaje voluntario con una meta de recreo, a diferencia de las migraciones debidas a motivos de asilo, economía o religión.

También existe mucho debate sobre cómo categorizar los tipos diversos de turismo. Smith (1977/1989b, pp. 4-6) los clasificó en cinco: étnico, cultural, histórico, ambiental y de recreo. El turismo étnico se centra en visitas a pueblos y culturas indígenas que los turistas consideran «exóticos». El turismo cultural es definido por los viajes para encontrar lo pintoresco o lo folclórico; las artes y prácticas artesanales también son consideradas como ofertas del turismo cultural. El turismo histórico es definido por los circuitos museo-catedral e incluye sitios arqueológicos como destinos. El turismo ambiental se enfoca en viajes para encontrar la naturaleza. Y, finalmente, el turismo de recreo –categorizado por muchos como «arena, mar y sexo» (sand, sea, and sex)– es identificado primariamente con balnearios, pero también incluye actividades como el golf y el turismo gastronómico. No es una sorpresa que otros estudiosos hayan desarrollado subcategorías diferentes del turismo; del mismo modo, es importante mencionar que se puede imaginar muchas actividades turísticas que no caben adecuadamente en una sola categoría de turismo, sino presentan características de dos o más.

Historia breve del turismo

Debido a la cantidad de debates sobre cómo se puede definir y categorizar el turismo, es sorprendente que haya un consenso que sostiene que el turismo es un fenómeno moderno. La mayoría de estudios fija el origen del turismo moderno en la Europa del siglo XVIII con la aparición del Grand Tour. Este fenómeno, que practicaron los hijos de la élite y de la burguesía británica, era un viaje de meses –y muchas veces de años– por la Europa continental con destino final en Italia. El Grand Tour era una actividad muy elitista y, sobre todo, estaba dedicado a estudiar la cultura clásica. Hacer el Grand Tour era una marca de prestigio en la sociedad británica. A pesar del hecho de que los turistas en esta época se componían de un grupo muy pequeño de hombres de élite, el Grand Tour tenía muchos aspectos del turismo moderno: se trataba de un viaje voluntario con meta de recreo y consumo conspicuo (Black, 1992; Hudson, 1993; Zuelow, 2016, pp. 14-29). La Revolución francesa y las guerras napoleónicas terminaron temporalmente con estos viajes de placer en Europa. Sin embargo, con el cese del conflicto, los viajeros empezaron a trotar de nuevo por este continente, lo que reflejó la influencia del movimiento romántico del siglo XIX, en el cual la naturaleza –sobre todo el mar y las montañas– y otros símbolos de lo sublime eran los destinos más estimados (Corbin, 1994; Macfarlane, 2003; Zuelow, 2016, pp. 30-43). Aunque el turismo como actividad aumentó en toda Europa en la primera mitad del siglo XIX, todavía era una actividad de élites.

La expansión del turismo como actividad de las clases medias y populares empezó con el desarrollo del transporte a vapor. En tierra firme, la inauguración de la línea Liverpool-Manchester en Gran Bretaña en 1830 marcó el comienzo del servicio comercial de pasajeros en ferrocarril. En el mar, el lanzamiento de barcos de vapor en la década de 1830 y el desarrollo de la hélice de tornillo revolucionaron el transporte oceánico. En esta nueva época del transporte a vapor, era posible desarrollar horarios fijados que permitían que los viajeros planificaran sus jornadas y excursiones (Zuelow, 2016, pp. 44-59). Uno de los innovadores más notables que usó el transporte a vapor para ampliar el turismo fue el británico Thomas Cook. El 5 de julio de 1841, Cook organizó lo que muchos consideran la primera gira turístico cuando reservó un tren para transportar a 570 pasajeros que asistirían a un mitin antialcohólico. Cook ofreció a los viajeros la facilidad de comprar con un solo pago una gira que incluía todos los gastos de transporte, alojamiento y comida. Los guías de Cook se encargaron del itinerario y los detalles del transporte, lo cual dejaba a los turistas disfrutar la experiencia del viaje. Finalmente, al organizar el transporte de grupos grandes de turistas, Cook podía negociar con los propietarios de las compañías de transporte para bajar los precios. Ya en la década de 1860, la compañía Cook organizaba una cantidad grande de viajes por todo Gran Bretaña y Europa continental, la cual, además, inauguró un viaje a los Estados Unidos en 1866 y en los años 1880 ofrecía giras en Egipto y el Medio Oriente (Hamilton, 2005; Walton, 2010; Zuelow, 2016, pp. 62-66).

Mientras Cook desarrollaba el modelo de la agencia turística moderna, escritores como el inglés John Murray III y el alemán Karl Baedeker elaboraron las primeras guías de viaje. Sus libros tuvieron muchos elementos que todavía definen a las guías para turistas: itinerarios recomendados, resúmenes históricos y recomendaciones para restaurantes y hoteles. Baedeker inventó el sistema de rankings: sus guías asignaban tres estrellas a los lugares imperdibles y una o dos para destinos menos importantes. Las guías permitieron que fuera posible viajar más independientemente (Koshar, 1998; Pamlowski, 2002; Zuelow, 2016, pp. 77-79), y lo mismo hizo el transporte a vapor para las clases medias y populares. En las décadas finales del siglo XIX, el mejoramiento de las condiciones laborales en las sociedades industrializadas, la creencia en los efectos saludables del mar y el auge de la cultura de masas permitieron el desarrollo de los balnearios como destinos. Lugares como Blackpool, de Inglaterra, y Coney Island, de Nueva York, ahora conectados por ferrocarril con ciudades grandes, florecieron como destinos para las clases populares (Immerso, 2002; Walton, 1998). El Perú, y toda América Latina, también vieron el crecimiento de balnearios como Ancón y Chorrillos.

Asimismo, con la llegada del transporte automóvil en el siglo XX, las clases medias tuvieron la oportunidad de viajar a otros lugares. En muchos países, los parques nacionales –ahora conectados por carreteras– se transformaron en destinos turísticos. Igualmente, la infraestructura del turismo cambió para responder al transporte individualizado que ahora era posible con los automóviles. Y la aparición de gasolineras y moteles al lado de las carreteras del mundo reflejó el auge de este tipo de transporte (Koshar, 2008; Seiler, 2008).

Los Gobiernos mundiales empezaron a celebrar el turismo porque creían que era posible a emplearlo para fortalecer una mano de obra sana y una ciudadanía contenta. Así, los países capitalistas comenzaron a aprobar leyes y políticas que establecieron días feriados y tiempo libre remunerado para los trabajadores (Beckerson, 2002; Cross, 1989); y los países socialistas, como la Unión Soviética, construyeron colonias de recreo para los suyos (Koenker, 2013). Los regímenes fascistas, sobre todo el nazi, elevaron una política de turismo de Estado que se llamó Kraft durch Freude («La alegría hace la fuerza») y se enfocó en desarrollar un turismo que alentara sentimientos de nacionalismo y un pueblo sano (Baranowski, 2004). Los países de América Latina también favorecieron políticas que desarrollaron un turismo nacional para beneficio de los trabajadores y la ciudadanía. En este número de Apuntes, el artículo de Patricia Vidal Olivares y el de Fernando Armas Asín investigan los casos del turismo nacional en Chile y el Perú, respectivamente.

Después de la Segunda Guerra Mundial, amaneció el turismo de masas. Era la época dorada de las «vacaciones familiares». En el mundo industrializado, mejores salarios y políticas de tiempo libre remunerado garantizaron a las familias la oportunidad de hacer viajes. Así, muchas familias viajaron en automóvil o tren hacía centros de vacaciones –por ejemplo, la cadena Butlin en el Reino Unido– o a otros lugares, como sitios históricos y parques nacionales. Las vacaciones de esta época no solo fueron experiencias de recreo, sino actos de afirmación de la conciencia de la clase media de la posguerra (Dawson, 2011; Rugh, 2008). Al mismo tiempo, nuevos grupos transnacionales, como las Naciones Unidas y su división, la Organización Mundial del Turismo –o World Tourism Organization–, promovieron el turismo como forma de desarrollo (Zuelow, 2016, pp. 154-55). Los países semio subdesarrollados invirtieron presupuestos y esfuerzos en fomentar el turismo. Así, la costa de España, la ciudad de Acapulco en México y varios lugares caribeños emergieron como destinos turísticos (Berger & Wood, 2010; Pack, 2006). La industria de los cruceros floreció al transportar viajeros a estos destinos nuevos. Avances en el transporte, sobre todo en la tecnológica aeronáutica, en la época de posguerra soportaron el desarrollo del turismo al ofrecer la posibilidad de viajes rápidos y cómodos para la clase media alta y la élite de Norteamérica y el norte de Europa (Zuelow, 2016, pp. 149-164).

Sin embargo, los destinos turísticos destacados fueron impactados por un fenómeno histórico de turismo señalado por un jugador de béisbol, Yogi Berra: «Ya nadie va para allá. Es demasiado concurrido».

La introducción de aerolíneas de bajo costo facilitó el transporte a nuevos destinos para las clases populares. Al mismo tiempo, los lugares típicos de vacaciones familiares perdieron sus clientes tradicionales, mientras otros, como Acapulco en México y Benidorm en España, perdieron su lustre anterior (Rugh, 2008, pp. 177-184; Holleran, 2017). Más y más viajeros, sobre todo nuevas generaciones y turistas más ricos, deseaban destinos «auténticos» o aislados. En las décadas de 1970 y 1980, aumentaron nuevas opciones de turismo enfocadas en la naturaleza, la aventura, la gastronomía y otras actividades especializadas para atender los nuevos gustos turísticos (Butler, 1980). Y la llegada de medios de comunicación social amplió la demanda hacia lugares y experiencias turísticas de tipo bucket list –algo sui géneris para compartir a través de imágenes e internet–. Como repuesta, el turismo de masas ha desarrollado nuevas actividades y ofertas para dar a los turistas más experiencias originales.

Perspectivas académicas sobre el turismo

A pesar del crecimiento del turismo en el siglo XX, por mucho tiempo la comunidad académica lo ignoró. Extrañamente, uno de los primeros trabajos que trató del sujeto del turismo lo criticó duramente. En su libro publicado por primera vez en 1961, The Image (La imagen), el historiador norteamericano Daniel Boorstin (1961/1992), criticó al turismo como un «pseudoevento». Boorstin pensaba que era una actividad de consumo y, como resultado, impedía que el turista tuviera una experiencia real o auténtica (1961/1992, pp. 77-117). En la siguiente década, en los años 1970, una ola nueva de estudios sobre el turismo apareció. Estuvo a cargo de una mayoría de sociólogos, quienes empezaron a pensar sobre el turismo como un fenómeno social que necesitaba análisis académico. Erik Cohen (1972) fue uno de los primeros en llamar a sus colegas del campo de la sociología para estudiarlo. En 1976, el sociólogo Dean MacCannel publicó una obra seminal sobre el tema: The Tourist: A New Theory of the Leisure Class (1976/1989; El turista: una teoría nueva de la clase ociosa). En su libro, MacCannell ofreció muchas herramientas analíticas para investigar el turismo. Es probable que su idea más influyente fuera el concepto de autenticidad escenificada (staged authenticity). MacCannell negó la teoría de Boorstin acerca de que el turista quería evitar la realidad y propuso que el turista moderno quería experiencias auténticas con raíces y conexiones con el lugar y/o la cultura del destino turístico. Sin embargo, según MacCannell, el turista moderno quería una forma de autenticidad que correspondía a sus expectativas culturales, las cuales muchas veces no representaban las condiciones reales (1976/1989, pp. 91-107). Por ejemplo, cuando llegan turistas internacionales al Cusco, quieren ver símbolos y lugares auténticos que representan lo que, para ellos, significa la cultura cusqueña: Machu Picchu, comunidades indígenas, muestras de tejido andino, etc. Sin embargo, el turista no tiene interés en la experiencia de muchos residentes del Cusco –o por lo menos de la ciudad de Cusco–, los cuales llevan jeans, toman un microbús para llegar a su empleo y pasan tiempo libre en centros comerciales. A pesar de representar la vida de muchos cusqueños, estos aspectos culturales no corresponden a la autenticidad escenificada que presenta el turismo.

Otras obras sociológicas, como la de MacCannell, han sido las primeras en estudiar el turismo como un fenómeno social que necesita análisis académico. Sin embargo, el interés principal de estos estudios fue analizarlo desde la perspectiva del turista. Según ellos, los deseos de los turistas iluminarían hechos de la sociedad postmoderna. Sin embargo, no se hizo mucho análisis de los efectos del turismo en las comunidades que recibían a los visitantes y donde esa actividad se desarrollaba. Entonces, los antropólogos empezaron a estudiar los efectos sociales y culturales del turismo desde la perspectiva de quienes tenían experiencias con el turismo, como obreros o dueños de alojamientos. La antropóloga Valene Smith publicó una antología seminal en 1977, Hosts and Guests: The Anthropology of Tourism (1977/1989a; Hospedadores y huéspedes: la antropología del turismo), la cual incluía una colección de ensayos teóricos y etnográficos. En esta, los antropólogos reflexionaban sobre los efectos y consecuencias del turismo. Por ejemplo, Dennison Nash (1977/1989) propuso que el turismo era un tipo de imperialismo; sin embargo, en la misma colección, Margaret Byrne Swain (1977/1989) publicó un estudio etnográfico sobre la cultura Kuna en Panamá y concluyó que el turismo había ayudado a la preservación de la cultura indígena de ese grupo étnico. Mientras tanto, estudiando el caso del desarrollo turístico en Bali, Philip Frick McKean (1977/1989) observó que no había una cultura estática y que la influencia del turismo tenía la habilidad de modificar y preservar a la vez aspectos culturales indígenas.

Eventualmente, los historiadores también descubrieron el turismo como un campo de estudio. Cuando ellos empezaron a investigarlo, sus esfuerzos mostraron la influencia de los trabajos ya publicados en sociología y antropología. También es importante notar que la mayoría de sus investigaciones empezaron durante o después del «giro cultural» en la disciplina. Entonces, los historiadores fueron muy receptivos a analizar los artefactos culturales del turismo –guías, libros, testimonios e imágenes– como fuentes importantes para la construcción de identidad, política y sentimientos políticos. Un libro de historia influyente de John F. Sears, Sacred Places: American Tourist Attractions in the Nineteenth Century (1989; Lugares sagrados: atracciones turísticas norteamericanas en el siglo XIX), subrayó la importancia de los sitios turísticos en la formación de la identidad incipiente norteamericana. Otro libro importante fue escrito por Donna Brown, Inventing New England: Regional Tourism in the Nineteenth Century (1995; Inventar Nueva Inglaterra: el turismo regional en el siglo XIX). Brown documentó cómo el turismo ayudó a la creación de la narrativa regional que celebraba a Nueva Inglaterra como la cuna de la historia y la cultura estadounidense. Poco después, apareció una ola nueva de estudios históricos sobre el turismo y la identidad nacional en los Estados Unidos y sus regiones (Shaffer, 2001). Al mismo tiempo, Rudy Koshar (1998, 2000) publicó varios estudios sobre el desarrollo del turismo en Alemania y su influencia sobre la formación del Estado-nación. Su trabajo influyó en otros libros sobre turismo e identidad nacional en países europeos, como Irlanda (Zuelow, 2009) y Francia (Endy, 2004).

Los historiadores no ignoraron las cuestiones sociales y económicas. Así, uno de los trabajos más influyentes fue escrito por Hal Rothman, Devils Bargains: Tourism in the Twentieth-Century American West (1998; Convenios del diablo: el turismo en el oeste norteamericano del siglo XX). Rothman observó que las comunidades que respaldaban el desarrollo del turismo no se beneficiaban porque, eventualmente, los intereses comerciales turísticos tomaron control del liderazgo local y aislaron a los vecinos originales. Entonces, Rothman concluyó que un pueblo que respaldó el desarrollo del turismo como solución económica creó un «convenio del diablo» (1998, p. 11). Otros historiadores también se enfocaron en el turismo en términos de consumo, ciudadanía y clase, como Rugh (2008). Además, en los últimos años han aparecido algunos libros excelentes sobre la historia del turismo LGBTQ1 (Capó, 2017).

Finalmente, no he notado todavía que haya muchos estudios técnicos sobre turismo. En verdad, la cantidad de estudios sobre factores comerciales y técnicos del turismo es mucho mayor que la de los sociólogos, antropólogos e historiadores. En 1922, la Cornell University fundó uno de los primeros programas universitarios dedicados al estudio y formación profesional en la industria de hotelería –The School of Hotel Administration–. Desde entonces, muchas universidades, instituciones y Gobiernos han fundado escuelas y facultades dedicadas al estudio del turismo como un campo técnico y comercial. La revista Annals of Tourism Research publicó su primer número en 1973 y se ha establecido como una fuente de estudios sobre las prácticas y desarrollo del turismo; asimismo, publica un gran número de estudios escritos desde la perspectiva de las artes liberales. Desde la fundación de Annals of Tourism Research, han aparecido otras revistas dedicadas a campos más específicos del estudio del turismo, ejemplo de lo cual es The Journal of Tourism History.

Es difícil pronosticar las cuestiones futuras en el campo de los estudios críticos del turismo, aunque ya hay evidencia de nuevos esfuerzos académicos. Por ejemplo, en los últimos años han aparecido estudios sobre el fenómeno del turismo negro (dark tourism) hechos por investigadores de historia, estudios culturales, negocios y otros, que analizan el desarrollo de atracciones turísticas famosas (o infames) por su historia problemática. Sitios de masacres, cementerios y eventos de genocidio como el holocausto ya atraen viajeros, no por ser lugares de recreo, sino, al contrario, como marcas de momentos negros en la historia humana (Hartmann, Lennon, Reynolds, Rice, Rosembaum, & Stone, 2018).

El estudio del turismo en América Latina y en el Perú

En América Latina, los antropólogos, sobre todo los etnógrafos, fueron los primeros en empezar los estudios de turismo (Evans, 1979). Muchas investigaciones tempranas analizaron sus efectos en comunidades indígenas, con énfasis en temas de identidad cultural. La gran mayoría de los primeros que se realizaron se centraron en México y América Central (Byrne Swain, 1977/1989; Van den Berghe, 1995; Kroshus Medina, 2003). Sin embargo, los antropólogos no se limitaron a estudiar esta zona de América Latina y ahora hay muchas investigaciones sobre los efectos sociales del turismo en la identidad local y nacional en toda la región (Babb, 2011). Es imposible identificar todos los estudios etnográficos sobre turismo e identidad cultural en América Latina. Simplemente, hay que notar que todavía se publican muchos estudios etnográficos y el tema sigue siendo un campo rico de análisis (Salas Landa, 2018).

Hay otros enfoques etnográficos sobre el turismo, por ejemplo, un tema importante en ellos es el del medio ambiente (Carruyo, 2007; Horton, 2009). Otro tema que sobresale en este campo en América Latina es el género. Por ejemplo, muchos estudios analizaron cómo las mujeres han entrado a la economía del turismo a través del mercado artesanal (Eber & Rosenbaum, 1993). El turismo sexual también ha servido como sujeto de muchos estudios de turismo basados en América Latina, analizando este problema desde la perspectiva legal (Cabezas, 1998) y racial (Fernandez, 1999) para las mujeres involucradas en él. Otras investigaciones han analizado las conexiones sexuales y románticas entre turistas femeninas y hombres locales en los Andes (Meish, 1995) y el Caribe (Phillips, 1999).

Los historiadores de América Latina también han descubierto el turismo como campo de estudio académico. En 1997, Rosalie Schwartz publicó uno de los primeros estudios de la historia del turismo en su libro sobre el desarrollo turístico en Cuba. Lógicamente, México también fue sujeto de investigación de la historia del turismo. Dina Berger (2006) escribió uno de los primeros libros sobre el tema; y, con Andrew Wood (Berger & Wood, 2010), coeditó una antología excelente dedicada al turismo mexicano. Un sujeto importante de muchas historias del turismo ha sido la influencia del poder estadounidense –en la economía, el poder imperial y la cultura– a través del desarrollo turístico en la región (Cocks, 2013; Merrill, 2009; Ruiz, 2014). También es importante notar que la mayoría de estudios históricos del turismo fueron concebidos después del «giro transnacional» en el campo de historia, por lo cual la mayoría de estos estudios emplearon la perspectiva transnacional en sus análisis. Este fenómeno –en mi opinión óptimo para el análisis del turismo– ha introducido perspectivas transnacionales en el estudio no solo de las relaciones exteriores, sino también en la historia regional (Covert, 2017).

Finalmente, quiero anotar los logros del estudio del turismo en el Perú, cuya trayectoria refleja las tendencias mundiales. Primero, aparecieron estudios en los campos de la antropología y la etnografía, de los cuales uno de los primeros estudios fue el de Pierre L. van den Berghe (1980). Gerardo Lovón Zavala (1982, 1986) analizó los casos de Cusco y el sur peruano en los años 1980. Debido a su influencia en el turismo nacional, no es sorpresa que el Cusco haya sido un foco de estos estudios (Van den Berghe & Flores Ochoa, 2000). Antropólogas como Helaine Silverman (2002, 2008) y Karin Bosman (2006) también han publicado artículos sobre el turismo en el Cusco; y el desarrollo turístico en la región ha sido analizado en partes de estudios excelentes sobre la cultura regional cusqueña por Marisol de la Cadena (2000, pp. 272-305) y Zoila Mendoza (2008, pp. 65-91). Otras investigaciones se han centrado en los debates sobre el medio ambiente, el trabajo y la política en las zonas alrededor de Machu Picchu (García, 2018; Luciano, 2018; Maxwell, 2012). Por último, recientemente ha aparecido mi estudio de la historia del desarrollo del turismo en el Cusco y su influencia en la identidad nacional peruana (Rice, 2018).

Pero el Cusco no es el único foco de estudios del turismo en el Perú. En verdad, algunos de los más destacables han analizado otras regiones, como los dos excelentes de Elayne Zorn (2004) y Jorge Gascón (2005), enfocados en pueblos alrededor del lago Titicaca. Otros trabajos antropológicos han analizado el centro andino del Perú (Romero Sihuay, 2005), el norte (Silverman, 2005) y la visión nacional (Fuller, 2009). Además, desde la perspectiva de los historiadores, Fernando Armas Asín (2018) ha publicado una historia general del turismo nacional del Perú. Es importante celebrar también la gran cantidad de estudios técnicos y de planificación sobre el turismo en el país, que componen una lista demasiado grande para incluirlos en esta introducción (ver, por ejemplo: Hernández Asensio & Arista Zerga, 2011; Montoya Pérez, 2013; Morel & García, 2014).

Futuros destinos para el estudio del turismo y esta publicación

Si es difícil contar la historia del turismo y cómo el mundo académico la estudió, es casi imposible pronosticar su futuro. Aún más, yo, como historiador, tengo una aversión particular a predecir eventos y tendencias. Es importante decir, al mismo tiempo, que hay mucho por hacer en todos los aspectos que he mencionado en este ensayo. Sin embargo, quiero anotar algunos temas que merecen más análisis. Primero, todavía nos faltan muchos estudios sobre el turismo doméstico dentro de América Latina. La mayoría de investigaciones analizan los efectos de la llegada de turistas extranjeros en comunidades latinoamericanas. Sin embargo, sabemos que muchos países han desarrollado políticas de fomento del turismo doméstico. Es importante estudiar la historia de estos esfuerzos, sus consecuencias en las comunidades de llegada del turismo y si hay diferencias entre turistas nacionales y extranjeros. Por ejemplo, sabemos mucho sobre las interacciones entre cusqueños y turistas y extranjeros, pero mucho menos sobre las experiencias con turistas de Lima u otras regiones del Perú.

En segundo lugar, necesitamos más estudios que analicen a los latinoamericanos como turistas. En muchas investigaciones, los actores latinoamericanos juegan el rol de trabajadores u hospedadores, o el de otros tipos de actores que sirven al turismo. Sin embargo, sabemos que los latinoamericanos también viajan a otros lugares del mundo. Sería útil entender cómo la experiencia turística de los viajeros latinoamericanos –de hoy en día y del pasado– se refleja y se diferencia de aquella de los viajeros de otras partes del mundo. ¿Cuál fue la experiencia de estos viajeros y cuáles sus efectos en su autoidentidad? ¿Cómo vieron después a sus países nativos? Para dar un ejemplo, sería muy interesante saber las impresiones de los turistas mexicanos al visitar el Pabellón de México de Epcot en Disney World, cuál fue su reacción al ver la interpretación turística de México y cómo se sintieron como mexicanos al participar en esta.

En tercer lugar, sería muy interesante ver cómo todos los campos de estudio analizarán el fenómeno de los medios de comunicación social en la experiencia turística. Yo proponía que quienes han estudiado el turismo estuvieron en la vanguardia respecto a entender los factores que respaldan el uso de medios de comunicación social en el tiempo actual. Décadas antes de Facebook, Twitter e Instagram, conceptos como la «autenticidad escenificada» de MacCannell (1976/1989, p. 91) y la «mirada turística» de John Urry & Larsen (2011) pronosticaron muchos elementos que definieron los medios de comunicación social. Sin embargo, creo que hay mucho para investigar sobre sus efectos en el turismo.

Finalmente, un desafío importante para quienes estudian el turismo es repensar y ampliar nuestra definición del sujeto. Nuestro concepto de lo que es turismo está basado en definiciones que se originaron en Europa. Como consecuencia, nuestros estudios del turismo –hasta el surgimiento de los estudios críticos– siguen definiendo esta actividad según la perspectiva europea y norteamericana. Entonces, es difícil notar y estudiar otras formas de recreo que no corresponden a las características típicas de lo que definimos como turismo. Creo que ya es tiempo de usar el concepto de «provincializar Europa» de Dipesh Chakrabarty (2000), concepto que exige que no tengamos a las perspectivas europeas como conceptos universales. Sería interesante ver si existen múltiples conceptos de lo turístico en pueblos y grupos al margen de lo que la mayoría de estudios consideran como el mundo moderno. ¿O tal vez el turismo solo puede existir en sociedades modernas? A pesar de todo, creo que es un debate importante que tenemos que considerar para ampliar nuestros conceptos y, ojalá, incluir nuevos grupos y actividades en los estudios de turismo.

Estoy feliz al notar que muchos ensayos de este número especial de Apuntes se refieren a los nuevos sujetos en el estudio del turismo. Se presentan tres ensayos que tratan de la historia del desarrollo del turismo doméstico en América Latina y, aún más, en países que todavía no han sido bien estudiados. Patricia Verónica Isabel Vidal Olivares analiza los esfuerzos del Estado chileno por promocionar el turismo en la primera mitad del siglo XX; Fernando Armas Asín estudia los intentos, y los fallos, del Estado peruano durante la misma época, cuando sus líderes trataban de imaginar una política nacional del turismo; finalmente, Ernesto Capello se refiere al caso de la línea ecuatorial en los alrededores de Quito. Usando historia y entrevistas, Capello analiza cómo hay empresarios que han influenciado el turismo y la identidad en Ecuador.

Este número también contiene ensayos de otros campos de análisis del turismo. Phie van Rompu estudia la influencia de los guías de turismo en la redefinición y reivindicación de la imagen de las favelas de Río de Janeiro; Blanca Reyna Olguín-Negrete y Tomás Cuevas-Contreras presentan un estudio técnico sobre el turismo en Sonora, México, analizando la influencia de los esfuerzos de branding turístico en la definición y el desarrollo del turismo en la ciudad de Hermosillo; por último, el estudio de Felipe Luis Garcia investiga cómo el turismo ha influenciado la trayectoria de la museificación de centros urbanos. Cada uno de estos ensayos refleja no solo la diversidad de los estudios sobre el turismo, sino también las posibilidades de descubrir nuevas perspectivas a través de su investigación. Todavía nos quedan muchos destinos por alcanzar en el estudio del turismo.

 

Referencias

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Artículo recibido el 3 de marzo de 2019

Artículo aprobado para su publicación el 3 de abril de 2019


1 Personas lesbianas, gays, bisexuales, transexuales y queer.