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Anthropologica

Print version ISSN 0254-9212

Anthropologica vol.32 no.33 Lima  2014

 

RESEÑAS

 

Chan, Anita Say. Networking Peripheries: Technological Futures and the Myth of Digital Universalism. Cambridge: MIT Press, 288 pp.

 

Radhika Gajjala

Profesora de Comunicación y Medios en la Universidad Estatal de Bowling Green. Correo electrónico: radhik@bgsu.edu

 


La obra de Anita Say Chan, condensada en el libro Networking Peripheries, da luces sobre los diferentes matices y las contradicciones implicadas en la adopción de nuevas tecnologías en contextos del sur global. En el libro, que se nutre de un rico material etnográfico en un período bastante significativo, son detallados varios contextos peruanos en los cuales confluyen los compromisos tanto con lo viejo como con lo nuevo, con lo rural como con lo urbano. Los encabezados de los capítulos -y los capítulos mismos- son tremendamente divertidos de leer, ya que yuxtaponen las contradicciones halladas con la promesa de que van a ser desempacadas y analizadas en detalle en el transcurso de la narración. Leer el libro representó para mí tal placer que al final quería más. Pienso que el interés de los académicos en esas complejas interacciones debería aumentar. Es necesario que de manera simultánea se examine lo digital en contexto y se detallen las prácticas cotidianas que lo preceden. Chan señala en el prólogo que «la periferia» es a menudo «vista inequívocamente como una zona de difusión y consumo de diseños que brotan del Silicon Valley, o de lugares similares» (p. X), razón por la cual destaca la importancia de rastrear micronarrativas. En los estudios de casos e historias contadas por la autora vemos múltiples perspectivas y puntos de vista discordantes que luchan por emerger y establecerse como un contexto de desarrollo y crecimiento.

Esa discordancia no es mala. Chan la pone sobre la mesa para que el lector reflexione. Para que aprenda de ella. Para que se cuestione. Por ejemplo, mientras leía el libro fue inevitable que estableciera ciertos paralelismos con el trabajo que yo misma he estado llevando a cabo en el sur de la India rural con comunidades de artesanos. Enfocarse en los medios de vida rurales y en las prácticas económicas socioculturales, que preceden la retórica del acceso digital como el salvador del tercer mundo, permite ver las grietas en las denominadas políticas de acceso universal y en los discursos sobre la difusión de la innovación que supuestamente nace en occidente y se proyecta desde ahí al resto del mundo. Lo descrito por Chan corresponde con lo que he notado en relación a cómo el desarrollo rural en contextos como África y el sudeste asiático es escenificado en tanto «acceso» subalterno a los mercados globales a través de plataformas audiovisuales en línea para las microfinanzas (entre otras). Para transmitir la idea de la igualdad de condiciones esas plataformas usan múltiples herramientas de la web 2.0.

¿Qué tipo de inclusión global resulta importante para las poblaciones subalternas de cara al emergente entorno mundial de microinclusión que está cambiando la idea del acceso universal como un asunto meramente discursivo de la inclusión digital y visual? Esta reseña se organiza siguiendo algunos de los temas que encontré sugerentes durante la lectura del libro y de acuerdo con las conexiones que encontré con mi propia investigación sobre el subalterno 2.0, las microfinanzas en línea y la interacción entre comunidades de artesanos (lo rural, el mundo en vías de desarrollo y lo que tiene que ver con la tierra) y las redes de artesano (la disponibilidad y acceso a Internet, los vínculos globales y lo microtransaccional).

En los capítulos de este libro son visibles negociaciones claves entre individuos y comunidades locales en contextos de aspiraciones globales. Se puede ver en los casos constados por Chan que hay roles intensificados para el individuo participante que conlleva el doble vínculo de «empoderamiento» a través de la individualización. El individuo es lanzado al espacio global de una manera tal que parece empoderarlo, en tanto accede al capital. Sin embargo, el individuo también se pone en riesgo de aumentar su precariedad cotidiana al llegar a ese espacio global desconocido.

De ahí que esos nuevos espacios y estructuras, pese a la insistencia general en la idea de la «igualdad de condiciones», signifiquen cosas diferentes en cada parte del mundo. Tal cosa se demuestra también en las formas en que los defensores peruanos FLOSS tomaron control de movimientos de código abierto y buscaron integrarlo a las políticas locales. Se distanciaron así de la retórica predominante sobre el FLOSS como un asunto por fuera de la política y de la ideología. Chan describe con detalle cómo «los activistas peruanos del FLOSS pueden usar, y de hecho usan, un objeto como el software para «hacerse a sí mismos» [y] hablar en nombre de asuntos fundamentales nacionales» (p. 155). Lo ilustra con el caso concreto de la propuesta 1609 en la que los activistas locales del FLOSS ejercieron su agencia. En el capítulo sobre FLOSS y Perú, Anita nos muestra cómo el modelo de difusión de la innovación es puesto de cabeza:

Se da por hecho que la periferia es el lugar de la falsificación en donde se replica un futuro previamente inventado en otro lugar. Pasa entonces que no se cuestiona la figura de autoridad de los centros de innovación, de donde sale el diseño y la invención, y que la periferia es inequívocamente vista como una zona de difusión y consumo de esos diseños. Sin embargo, la periferia no es tan pasiva como esta perspectiva plantea… las alternativas tecnológicas, [las] improvisaciones, son cotidianas en el paisaje tecnológico de la periferia… y su vitalidad solo se comprende parcialmente en comparación con los mercados formales de bienes informáticos.

Lo digital retratado célebremente como un asunto occidental suprime la intervención colonial que dio forma a este tipo de entornos tecnológicos. Mientras las naciones adoptan estas innovaciones digitales dentro de los marcos «de difusión», el homogéneo discurso binario sobre lo pre y lo postcolonial simplifica todo en versiones de occidente versus el resto y de las identidades locales esenciales versus las identidades externas globales. Estas versiones a menudo se forman a través de bienintencionados discursos de orgullo nacional y de construcción de la nación que eluden las complejidades y matices que son contextuales.

Sin embargo, otro tema que se planteó en los capítulos de este libro se refiere a la idea de igualdad de condiciones globales en relación con prácticas de cultivo y asuntos sobre la tierra. Entonces, ¿cómo la igualdad de condiciones aparece en la práctica respecto del espacio físico, es decir, de la tierra?

En mi estudio de redes y comunidades de artesanos examino un diverso rango de tejedores en todo el mundo y cómo su ubicación moldea sus prácticas y sus productos (ideas de autenticidad y tradición). Con el fin de ilustrar las conexiones que establezco entre mi trabajo y el libro voy a narrar un escenario semificticio basado en mi investigación sobre mujeres que tejen a mano. En un mercado global, imaginado como el escenario de individualización y acceso digital, una mujer del sur de la India tejedora de khadis (hechos a mano y popularizados por Gandhi) está conectada desde Ponduru, su pueblo, con las prácticas de los tejedores de DIY conectados a través de comunidades -que tienen hashtags e hipervínculos- a través de las redes de artesanos en línea.

Estas redes de artesanos conectan físicamente muchos de los espacios físicos de los nichos comerciales occidentales alrededor de pequeñas comunidades y prácticas individualizadas de DIY. Las tejedoras se unen en redes de habilidades y empatía entre ellas y con otros subalternos que tejen a mano en contextos del mundo en vías de desarrollo.

Sin embargo, cuando la tejedora del mundo en vías desarrollo entra en la red de artesanos DIY, debido al supuesto potencial y a la posibilidad de la comercialización que ofrece Internet es probable que termine por desarticularse de la marca histórico-nacional y de la comunidad, a menos que se marque a sí misma como distinta, auténtica y como un otro esencial (globalmente subalternas). Por otro lado, si se trata de mezclarse con el resto de los tejedores DIY, su habilidad y su identidad se mezclará con redes viajeras de tejedoras a través de redes sociales y poco a poco irán soltando su autenticidad como tejedoras de la factura de khadi. Si esto ocurre, se borra el compromiso con el contexto local y con la ecología de la tierra en la que la tejedora centra su identidad: pierde sus vínculos con el contexto agrícola y con el contexto de la comunidad tejedora que le proporciona la materia prima que permite que su habilidad sea distintiva, ya que constituye la base para la textura del tejido de las ahora internacionalmente conocidas manufacturas de los khadis.

Otro asunto que me resultó llamativo fue el de las patentes (algoritmos de software, diseño/procesos o tecnologías artesanales, procesos agrícolas). ¿Cómo es posible renunciar a la propiedad sobre una práctica y sobre un proceso y sostener los modos de vida locales? ¿Cómo estas nuevas «clases creativas» enfrentarán esos problemas? Anita Chan ofrece algunas respuestas a esas preguntas. Recomiendo una lectura atenta de los diferentes estudios de caso presentados.

El libro nos lleva a través de un examen de los asuntos relacionados con las colaboraciones FLOSS, las autorías colectivas de código abierto, la construcción de sí mismos, las negociaciones entre artesanos rurales con los mercados globales a través de tecnoespacios. También examina cómo se implementaron localmente programas como el One Laptop per Child del MIT. Sí, el trabajo muestra cómo se producen nuevas afinidades, empatías y afectos, lo cual resulta esperanzador. Sin embargo, ella se apresura a señalar las complejidades de las jerarquías que se perpetúan y refuerzan cuando observa cómo distancias físicas y contextuales son subestimadas.

¿Cómo trabajamos en red a través de periferias y centros? ¿Es el trabajo en red de las periferias un proyecto esperanzador? ¿Un proyecto inevitable? Un poco de ambos, señala Chan. Este trabajo en red debe estar cuidadosamente comprometido. Este es el mensaje que Anita Chan nos deja a través de ejemplos concretos.

 

Radhika Gajjala

Universidad Estatal de Bowling Green