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Anthropologica

Print version ISSN 0254-9212

Anthropologica vol.36 no.41 Lima Jul./Dec. 2018

 

ACTIVISMO

 

Presentación

 

Denise Blum1, María Eugenia Ulfe2

1 Oklahoma State University. d.blum@okstate.edu.
2 Pontificia Universidad Católica del Perú. mulfe@pucp.edu.pe.

 


Bajo la premisa de que es difícil pensar la práctica antropológica alejada de lo político y lo público, la profesora Denise Blum de la Universidad Estatal de Oklahoma, organizó en diciembre de 2015 el «Taller Internacional: Repensando la Antropología para las Políticas Públicas y la Práctica Antropológica» en La Habana, Cuba. Este taller contó con el apoyo de la Fundación Wenner Gren para la investigación antropológica, la Universidad Estatal de Oklahoma y el Instituto Cubano para la Investigación Cultural Juan Marinello. El taller propuso una aproximación que consideramos epistémica y se vincula con el trabajo de la antropología y su papel en la academia y en la formación; se enfocó en la intersección entre la investigación y el activismo; y tuvo un momento para debatir y discutir la manera cómo en el trabajo reciente en ciencias sociales se separa el activismo de la investigación académica. Aquí se asumió que el activismo es también un ejercicio de investigación. Ello exigió pensar en una comprensión de la política y lo que es la acción informada por hábitos epistemológicos que están a favor de la incertidumbre, la crítica y la complejidad, que niega estrategias ingenuamente liberales y realistas sobre lo social y la política. Este taller fue un encuentro de antropólogos internacionales para repensar el papel y el lugar de la antropología pública/activista en contextos políticos y económicos distintos para provocar nuevas maneras de conceptualizar y teorizar la antropología activista.

En este número de Anthropologica hemos dedicado una sección pequeña a las ponencias de algunos participantes en este evento. María Teresa de la Piedra y Zulma Y. Méndez comparten sus reflexiones sobre su investigación comprometida en la frontera de México y los Estados Unidos. Ese estudio se realizó en el aula y en la calle, utilizando la auto-etnografía como herramienta para investigar sobre su rol como investigadora-activista. El «diálogo» entre las dos investigadoras les da la capacidad para interpretar a «la otra» mientras interpreta, al mismo tiempo, su propia experiencia notando las tensiones. Al final, «los espacios,» sean estos las aulas, las calles u otros, son los marcos de lucha esperanzadora y radicalizada.

Por su parte, Luciane de Oliveira Rocha defiende la antropología de la indignación. Desde una perspectiva feminista, la autora resalta el valor de la indignación como una emoción y metodología para acercarnos a trabajar con personas oprimidas. En el caso de Brasil, las madres afrobrasileras ultrajadas luchan contra la violencia racial en sus comunidades. La indignación es la fuerza que puede asumirse como la agencia que viene después de una gran pérdida de su familia. El dolor se convierte en una narrativa de resistencia y fuente de lucha colectiva. Y la antropología desde aquí emerge como una herramienta para identificar, interrogar y deconstruir las formas ocultas como opera el racismo estructural.

María Eugenia Velázquez, Natalia Escobar García y Aurora Vergara Figueroa describen sus experiencias de campo de una década en comunidades en Colombia durante el contexto de conflicto armado. Las autoras concluyen que una etnografía comprometida, en contextos de violencia, debe ser colaborativa, por lo tanto, requiere el desarrollo de relaciones de largo plazo. Las autoras sostienen que una práctica etnográfica debe ser reflexiva ya que se vuelve necesario ser consciente del dolor de la comunidad para encontrar las estrategias que generan el menor impacto posible en las personas de la comunidad. Así se debe reconocer a las personas detrás de los procesos organizativos y esto se logra siendo consciente del trabajo antropológico que se desarrolla en estos contextos. En este sentido se puede sostener que el conocimiento antropológico es relacional y requiere siempre el compromiso del o la investigador/a.

Los artículos de Blaser y Ramírez no estuvieron entre los presentados en el Taller en La Habana pero, por su temática y abordaje pertenecen a la misma problemática. El artículo de Ivan Ramírez nos introduce al estudio de dos organizaciones de desplazados por el conflicto armado interno (1980-2000) en la ciudad de Lima. El autor indaga sobre el Programa de Reparaciones Colectivas, que forman parte del Programa Integral de Reparaciones. En su estudio, Ramírez se aproxima a las organizaciones para comprender sus propias demandas a la par de concebir estas instituciones como escenarios en sí mismas. Aquí uno de los aspectos que nota el autor es la limitada capacidad de estas organizaciones para la acción colectiva. La acción colectiva requiere el trabajo en capacidades, que no necesariamente estas organizaciones cuentan. El autor nos devuelve la mirada al trabajo necesario con las organizaciones, pero también es una invitación para mirar el Estado y fijar desde allí el trabajo antropológico y su incidencia.

Por último, «¿Es otra cosmopolítica posible?» es un artículo por Mario Blaser originalmente publicado en inglés. Este artículo trata sobre la desaparición del caribú en los territorios de Terranova y Labrador en Canadá y la prohibición que pueblos inuit puedan cazar el animal. El debate está en el nudo irresuelto que incluye prohibición de cazar el caribú y la necesidad de los inuit de seguir con sus tradiciones. Blaser usa el concepto «cosmopolítico» para repensar la relación entre el cosmos y los seres humanos y no humanos. Elabora sobre lo que llama «la política razonable» esto es, la separación ontológica entre naturaleza y sociedad. Blaser propone dejar de asumir el concepto moderno de dividir el mundo en sistemas binarios. Según él, es un conflicto epistemológico sobre cómo ver el mundo. Como alternativa el autor propone que tratemos este tipo de conflicto como conflictos ontológicos en vez de diferencias culturales. La cosmopolítica nos lleva a una discusión sobre medioambiente, una epistemología de cómo trabajar una etnografía multiespecie y trae a colación la discusión sobre el materialismo.

Se completa así una sección dedicada al activismo como práctica política y epistemológica en la que buscamos abrir la reflexión sobre las maneras como la antropología contiene en sí esta dimensión de compromiso y de política en su propio quehacer. Boaventura dos Santos articularía esta dimensión con una epistemología que se construye desde el sur, lugar donde el quehacer académico, la práctica disciplinaria o inter-disciplinaria y la política se co-constituyen entre sí.